El hijo mayor volviendo a las puertas del Corazón del Padre

rembrandt06

…Sabes, “Padre”, ahora entiendo también que no basta que te diga así;
tengo que aprender a decirte también: “Nuestro.
Pues si no digo ‘Nuestro’, tampoco digo Padre, y volvería a perder tu herencia.
La empobrecería si recorto tu corazón dándole la pequeña medida del “Mío”.
Si en ese ancho espacio de tu amor, no se iluminara el rostro de mi hermano.
Si no supiera sentir el valor de su presencia, de la cual necesito; necesitamos.
En tu testamento habías escrito: “todo lo mío es tuyo”,
mas en letra pequeña ponías: “si lo compartes con los tuyos”.
Y es que en realidad, eres tanto más mío, cuanto más eres “nuestro”.
Allí comprendí, que todo lo que no tuviera como “nuestro”, no era tuyo;
de lo que tú me dabas, y por tanto, tampoco mío.
No me era lícito tenerlo, es más, me hacía daño.
Hubiera significado dejar a mi hermano, y volver a dejarte.
Pues aunque bien podía estar en casa,
mientras no lo estuviera como hermano, no lo estaba como hijo;
y otra vez me habría ido.
Hoy entiendo la fuerza de este “nuestro” que ensancha mi corazón y lo dilata.
Y yo, que te reclamaba un cabrito, mientras tú me dabas un hermano por regalo.
¿Qué es un cabrito al lado de todo lo tuyo que es mío,
al lado de estar siempre contigo? Y yo, que sólo pensaba en mis amigos…
Tú quisiste que nunca me pensara solo,
pero los primeros por los que no debía entenderme sólo estaban allí, en mi propia casa.
No entenderme sólo era entenderme, ante todo: hermano.
Tal vez no haya nadie, me decías, que de ti, quiera serlo,
pero siempre habrá alguien a quien así, debas verlo.
Alguien, a quien recordarle mi rostro, en el tuyo, fraterno;
alguien, con quien compartir esta herencia, que es lo nuestro;
a quien donar de lo mucho que en tu corazón yo he puesto.
Recuerda siempre: no te desentiendas de tu hermano,
No dejes que se marche resentido y turbado,
por no haber conocido el calor de tus manos.
No dejes que se marche con la envidia en sus labios,
ni que lo haga porque en casa, ya tu amor se ha marchado.
Cuéntale qué se siente después de haberlo dejado.
Y hazte siempre la pregunta: ¿qué he hecho hoy por mi hermano?
Sólo entonces sabrás, si estás de corazón a su lado o si te lanzas a buscarlo
hasta saberlo “hermano”, hasta saberme “Padre”, pero saberme: “de ambos”.

Javier Albisu sj

~ por javibisu en Julio 1, 2009.

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