El Padre reconcilia abrazando

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Cuando Jesús nos quiso revelar
el modo como el corazón misericordioso del Padre reconcilia,
nos narró la historia del padre y sus dos hijos.
Un padre que recibe
el resquebrajamiento más grande que podía imaginar:
sus dos amores, deciden no ser más
de su casa, de su corazón, de su herencia.
Eligen “estar fuera” de ese amor que contiene dando límites.
La tentación lleva a separar el límite, del amor.
Cuando a un límite se lo entiende “fuera”
de la contención amorosa de un corazón,
deja de ser cobijo, para convertirse en cárcel.
Deja de ser lugar donde se crece en libertad,
para concebirse como “privación ilegítima de la libertad”.
Y entonces “se parte”, se va fuera, se rompe el vínculo.
Es en ese momento,
cuando lo que se pensaba que traería un expandirse en libertad,
termina trayendo todo lo contrario:
uno, queda preso de su propia rebeldía, de su propia violencia.
Y toda esa carga de agresividad, se vuelve contra uno mismo.
De modo que uno termina quebrado en mil partes,
cada cual, más dolida que la otra.
Todo este proceso lleva el signo del Tentador
y sigue su lógica interna: la división, la separación, la ruptura.
En la que una vez, que logra hacer entrar su virus
y separar límite de amor,
no tiene más que dejar que por sí solos,
continuemos el encadenamiento de rupturas.
Es allí donde la Misericordia de ese Corazón
que comprende que nuestras manos “no saben lo que hacen”,
sale corriendo a abrazarnos.

Javier Albisu sj

~ por javibisu en Julio 3, 2009.

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