Cuando entregue mi alma a Dios
Cuando entregue mi alma a Dios,
quiero entregarla… esponjada
en las lágrimas de lo que quise dar y no supe,
de lo que luché por cambiar y no pude.
Quiero entregarla… maleada
por las manos, que necesitadas,
manotearon de mí por el camino,
y aquellas otras que me indicaron cómo seguirlo.
Quiero entregarla… sosegada
en la mirada hacia atrás de lo que hubo,
y también lo que faltó,
y en la mirada esperanzada hacia adelante,
de lo que la Misericordia, tenga para darme.
Quiero entregarla… deseosa
de guardar para siempre el amor,
del único modo que se puede guardar eternamente:
“entregado”.
Javier Albisu sj
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