Nunca esperé…
Nunca esperé que en mi pesebre
fuera dado a luz un niño,
y que ese niño fuese
Dios en nuestra carne mismo.
Nunca esperé que así comience
la historia del amor en tal abismo,
que “el que hacer todo lo puede”,
aguarde pedigüeño de mis mimos.
Y ahora que lo pienso, me parece,
que en realidad nunca esperé…
que Dios me entienda tan su hijo,
para, en su amor de Padre, así perderse
hasta encontrar al que se había perdido.
Javier Albisu sj
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